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Ayer viernes 13 de julio, perdió la vida mi gran amigo y entrenador Alberto Escobedo Tinajero. La mayoría de ustedes ya se habrá enterado por las redes sociales de este acontecimiento. Y yo no quiero escribir las cosas mundanas que dice la gente cuando alguien fallece.

Quiero decir que Alberto marcó mi vida, desde aquella tarde de verano en que nos conocimos en la pinacoteca del Parque Niños Héroes… Más que un simple entrenador, se convirtió en un amigo de nuestra familia. Varias veces lo hubimos invitado a comer a nuestra casa, y todos los estimábamos y respetábamos mucho. Todos aquellos momentos que compartimos fueron sumamente amenos.

Desde ayer en la tarde me enteré de la terrible noticia. Pero no quise escribir nada, porque sencillamente no podía creérmelo. Pensaba que no era cierto, inverosímil. Y aún sigo  sintiéndome así, no me cae el veinte; no puedo asimilarlo.

Me hubiera gustado despedirme de él, pero creo que la última vez que lo vi y  hablé con él, fue en el aeropuerto, después de regresar de Guanajuato. Me hubiera gustado recordarle todo lo agradecido que estoy con él, recordarle todo lo que lo apreciaba… Lamentablemente, no tuve la oportunidad, todo fue muy rápido.

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